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Antes de los hoteles, las torres y el acelerado crecimiento urbano, Boca del Río ya vivía alrededor del agua.

En la ribera del Jamapa se desarrolló una comunidad cuya alimentación, comercio e identidad estuvieron profundamente relacionados con la pesca. Aquella actividad no fue solamente un oficio: ayudó a darle forma a la vida cotidiana de la población.

La propia historia publicada por el Ayuntamiento de Boca del Río señala que la pesca fue durante siglos una de las principales razones de ser de la localidad. También refiere que, desde 1600, los pescadores boqueños abastecían a la Nueva Veracruz con pescados y mariscos frescos.

Esa memoria continúa presente en una frase colocada sobre el monumento al pescador:

“En memoria a los pescadores que fundaron esta tierra”.


LOS FUNDADORES DE UNA IDENTIDAD

Llamarlos fundadores no pretende reducir toda la historia de Boca del Río a una sola actividad. Significa reconocer que la pesca fue determinante para construir su identidad económica, social y cultural.

La ciudad cambió. Llegaron las avenidas, hoteles, restaurantes y grandes desarrollos. Sin embargo, junto al río todavía permanece el muelle de pescadores Rufino Cruz Quijano.

No es una representación turística ni una reconstrucción del pasado. Es un lugar de trabajo.

Todos los días se preparan lanchas, se acomodan redes, se descargan capturas y se comercializa el producto obtenido después de largas jornadas. Cada embarcación guarda una historia y cada salida depende del clima, las corrientes y las condiciones del agua.

Mientras buena parte de la ciudad observa al Jamapa como un paisaje, para los pescadores el río representa sustento, camino y hogar.


UNA TRADICIÓN QUE SE NIEGA A DESAPARECER

El crecimiento urbano modificó profundamente el entorno, pero la comunidad pesquera continúa trabajando prácticamente en el mismo punto donde generaciones anteriores desarrollaron esta actividad.

Su presencia demuestra que la pesca todavía forma parte de Boca del Río. Sin embargo, también evidencia lo poco que suele observarse a quienes mantienen viva esta tradición.

Ser olvidados no significa haber desaparecido. Significa continuar ahí sin recibir la misma atención que otros símbolos de la ciudad.

Sus necesidades, condiciones laborales y conocimientos del río deberían formar parte de cualquier decisión relacionada con el desarrollo urbano, la protección ambiental y el futuro de la ribera.


EL AGUA QUE CONECTA TODO

El trabajo de los pescadores también está relacionado con una problemática que Bitácora Veracruzana ha documentado durante las últimas semanas: las condiciones ambientales del Arroyo Moreno y su conexión con el río Jamapa.

Investigadores de la Universidad Veracruzana han explicado que el Arroyo Moreno desemboca directamente en el Jamapa. También han documentado las presiones urbanas que enfrenta este manglar y, mediante muestreos realizados entre 2013 y 2014, reportaron altas concentraciones de bacterias de origen fecal en distintos puntos de su cauce.

Estos antecedentes no permiten determinar por sí solos cuál es la condición actual del agua frente al muelle. Tampoco demuestran que los pescadores padezcan enfermedades provocadas por ella.

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CONTAMINACION DEL ARROYO MORENO

Para realizar esas afirmaciones serían necesarios nuevos análisis de laboratorio, estudios clínicos y una investigación específica sobre sus condiciones de exposición.

Pero la falta de esa información no elimina la preocupación. La vuelve más urgente.

¿Existen muestreos recientes en la zona de pesca? ¿Se analiza periódicamente el producto capturado? ¿Hay programas de prevención y seguimiento médico para quienes trabajan diariamente sobre estas aguas? ¿Las posibles descargas están plenamente identificadas y vigiladas?


RECORDARLOS NO ES SUFICIENTE

La respuesta no debe limitarse a homenajes o monumentos.

Proteger esta tradición requiere análisis públicos y actualizados de la calidad del agua, vigilancia sobre las descargas, mantenimiento del muelle, seguimiento sanitario y diálogo directo con las cooperativas y trabajadores pesqueros.

Los pescadores no son figuras decorativas dentro de la historia de Boca del Río. Son trabajadores que todavía sostienen una actividad esencial para la identidad y la gastronomía de la ciudad.

Ellos son los fundadores olvidados.

Recordarlos es importante, pero proteger su trabajo, su entorno y su futuro es todavía más necesario.


Bitácora Veracruzana
La voz del puerto y su gente.

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