Después de documentar tuberías sin identificar, residuos, La Zamorana y los tres canales de La Chorrera, Bitácora Veracruzana concluye esta serie mostrando aquello que todavía permanece vivo dentro de Arroyo Moreno.
Boca del Río, Veracruz.— Durante varias semanas seguimos el rastro de diferentes corrientes que llegan al sistema de Arroyo Moreno.
Entramos en lancha, recorrimos el cauce, volamos el dron y documentamos puntos que requieren inspección y respuestas públicas: tuberías cuya función no era visible, residuos atrapados entre las raíces, el cambio observado en la desembocadura de La Zamorana y tres canales en el entorno de La Chorrera.
Las imágenes no permiten identificar por sí solas las sustancias presentes en el agua. Esa tarea corresponde a muestreos correctamente realizados y análisis completos de laboratorio. Sin embargo, lo observado resulta suficiente para exigir que esos estudios existan, sean actuales y se encuentren al alcance de la población.
Para concluir esta serie decidimos regresar la mirada hacia otra parte de Arroyo Moreno: aquella que, a pesar de todo, todavía conserva su belleza.
Un último recorrido
La lancha avanzó lentamente entre muros naturales de mangle.
El agua reflejaba el cielo y las ramas se cerraban alrededor del cauce. Por momentos, la ciudad parecía encontrarse muy lejos y era difícil imaginar que aquel mismo sistema recibe las corrientes y residuos documentados durante nuestra investigación.
Esa contradicción hizo que el recorrido fuera especialmente doloroso.
Arroyo Moreno todavía puede mostrarse verde, silencioso y lleno de vida. Pero su belleza no significa que esté fuera de peligro.
La lluvia transformó el paisaje
Durante el trayecto, una nube descargó repentinamente un poco de lluvia sobre nosotros.
Lejos de arruinar el recorrido, la lluvia lo transformó.
Las gotas rompieron el reflejo del agua, el verde del manglar se volvió más profundo y el entorno adquirió una belleza difícil de describir. Durante unos instantes, parecía que la naturaleza intentaba cubrir las heridas que habíamos encontrado.
Pero el agua no olvida lo que recibe.
La lluvia no borró las tuberías sin identificar, los residuos, la desembocadura de La Zamorana ni los tres canales de La Chorrera. Únicamente hizo más evidente todo lo que podría perderse si las autoridades y la sociedad permanecen indiferentes.
Resistir no significa estar sano
El manglar continúa de pie.
Sus ramas siguen extendiéndose sobre el cauce y sus raíces permanecen aferradas al agua. Sin embargo, ningún ecosistema puede recibir indefinidamente residuos, descargas y presiones humanas sin sufrir consecuencias.
La amenaza no siempre aparece como una catástrofe repentina.
En ocasiones avanza lentamente: una salida sin explicación, una botella atrapada entre las raíces, un nuevo punto de descarga o un día más sin vigilancia y análisis públicos.
Con el paso del tiempo, existe el riesgo de que el deterioro termine normalizándose y se convierta en una parte más del paisaje.
Lo que sucede aquí no se queda aquí
Al final del recorrido elevamos nuevamente el dron.
Desde el aire, Arroyo Moreno parece extenso y poderoso. Sin embargo, se trata de un sistema delicado que mantiene conexión con el río Jamapa y posteriormente con el mar.
Lo que ocurre dentro del manglar puede avanzar más allá de sus raíces.
Por eso, proteger Arroyo Moreno no representa únicamente la defensa de un paisaje. También implica cuidar el agua, la biodiversidad y el entorno compartido por quienes habitan la zona conurbada.
Cerramos la serie, no la vigilancia
Con este epílogo concluye la serie de reportajes realizada por Bitácora Veracruzana dentro de Arroyo Moreno.
El cierre no significa que las preguntas hayan sido respondidas ni que el problema se encuentre resuelto.
Seguiremos abiertos a recibir estudios, permisos, resultados de laboratorio, explicaciones oficiales y cualquier información verificable que permita conocer el origen y las condiciones de las corrientes documentadas.
También mantenemos abierto el derecho de respuesta para las instituciones, empresas y autoridades relacionadas con estos puntos.
No queremos que las imágenes de este recorrido se conviertan algún día en el recuerdo de un lugar que permitimos desaparecer.
Arroyo Moreno todavía respira.
El manglar se rehúsa a morir. Veracruz no puede abandonarlo.
