Durante décadas, una extraña estructura ha permanecido frente al mar. Detrás de sus muros abandonados se encuentra la historia de uno de los centros nocturnos más recordados de la zona conurbada Veracruz–Boca del Río.
Muchos pasan todos los días frente a esta pirámide sobre el bulevar Manuel Ávila Camacho. Algunos la observan desde sus automóviles; otros quizá se preguntan qué fue aquella construcción que permanece en pie, rodeada de hoteles, edificios y avenidas.
Debajo de esa estructura funcionó Cocoteros, un restaurante, bar y centro nocturno que marcó una época en la vida social de Veracruz y Boca del Río.
Cena, baile y servicio las 24 horas
Un anuncio antiguo permite recuperar parte de su identidad. Cocoteros se promocionaba como un restaurant grill ubicado al final del bulevar Manuel Ávila Camacho, en Costa Verde, con una invitación sencilla pero sugerente: “Cene y baile”.

El establecimiento ofrecía servicio durante las 24 horas y aceptaba diferentes tarjetas bancarias, algo que ayuda a imaginar el tipo de público al que buscaba atraer.
Durante las décadas de los setenta y ochenta, Cocoteros habría sido uno de los lugares más elegantes y concurridos de la zona conurbada. Sus visitantes recuerdan cenas frente al mar, música, baile y largas noches dentro de sus salones.
Su arquitectura también lo hizo imposible de confundir: un edificio de dos niveles, amplios espacios interiores, corredores, escaleras y una estructura piramidal que dominaba la azotea.

Los artistas que forman parte de la leyenda
Entre los recuerdos que han sobrevivido se repiten dos nombres enormes de la música latinoamericana: José José y Celia Cruz.
Algunas versiones aseguran que visitaron Cocoteros cuando estuvieron en Veracruz. Otras van más lejos y señalan que habrían ofrecido presentaciones en el lugar.
Hasta el momento no se han localizado carteles, programas, fotografías o registros suficientemente claros que permitan comprobar cada detalle. Sin embargo, estas historias han sido repetidas durante años y ya forman parte de la memoria popular alrededor del establecimiento.
Más que presentarlas como hechos definitivamente confirmados, deben entenderse como testimonios y recuerdos que todavía esperan ser respaldados por documentos de la época.



Una arquitectura frente al mar
Una versión recogida por publicaciones locales atribuye la construcción de Cocoteros al ingeniero Carlos Barraza Gómez alrededor de 1970. También se ha señalado que el establecimiento habría cerrado hacia 1990, aunque la fecha y las razones de su cierre tampoco están plenamente documentadas.

La pirámide de la azotea se convirtió en su principal distintivo. Algunas interpretaciones señalan que buscaba evocar la arquitectura prehispánica de El Tajín, aunque se desconoce con certeza la intención original de su diseño.
Lo indiscutible es que aquella figura transformó el edificio en un punto de referencia sobre el bulevar. Incluso ahora, después de décadas de abandono, continúa siendo reconocida por quienes circulan frente a ella.
Del esplendor a las ruinas
El panorama actual contrasta profundamente con las historias de sus mejores años.
Las imágenes captadas por Bitácora Veracruzana muestran pisos destruidos, columnas expuestas, escaleras deterioradas, vegetación creciendo entre los muros y grandes secciones del edificio abiertas al cielo.
El salitre, la humedad y el paso del tiempo han consumido buena parte de la construcción. Alrededor surgieron nuevas torres, hoteles y desarrollos, mientras Cocoteros permaneció detenido.
A pesar del deterioro, todavía pueden identificarse algunos de sus espacios. Las columnas, los desniveles, las barras, los corredores y la característica escalera central permiten imaginar cómo pudo funcionar el antiguo establecimiento.
El videoreportaje incorpora recreaciones visuales, debidamente identificadas, para recuperar por unos instantes la iluminación, el mobiliario y el ambiente social que pudo existir dentro de sus salones.
La memoria que todavía puede rescatarse
Cocoteros no conserva únicamente los restos de un edificio. También representa una etapa de la transformación urbana y de la vida nocturna de Veracruz y Boca del Río.
Su historia continúa incompleta porque buena parte de ella no se encuentra en archivos oficiales, sino en álbumes familiares, fotografías guardadas, anécdotas y recuerdos personales.
Por eso, la participación de la comunidad resulta fundamental.
Si cenaste, bailaste, trabajaste o asististe a alguna presentación en Cocoteros; si conservas fotografías, anuncios, boletos o conoces algún episodio relacionado con el lugar, comparte tu testimonio con Bitácora Veracruzana.
Casi todo el edificio ha desaparecido, pero la pirámide continúa frente al mar.
Es la última señal visible de aquellas noches y de un Boca del Río que muchos todavía recuerdan, mientras otros apenas comienzan a descubrir.

Bitácora Veracruzana, la voz del puerto y su gente.
