La antigua torre de Pemex sigue de pie frente al mar, pero su deterioro abre una pregunta incómoda: ¿quién va a rescatar uno de los edificios más emblemáticos del puerto?
Frente al malecón de Veracruz, entre el movimiento del puerto, los barcos y el paso diario de turistas y ciudadanos, permanece una torre que durante décadas fue parte del paisaje más reconocible de la ciudad.
Hoy muchos la conocen como la Torre de Pemex, pero su historia comenzó mucho antes. El edificio fue construido originalmente para albergar al Banco de México. Su construcción inició en 1950, sobre terrenos ganados al mar, bajo el diseño del arquitecto Carlos Lazo. La torre cuenta con 13 pisos y aproximadamente 54 metros de altura, características que la convirtieron en una de las construcciones modernas más representativas de Veracruz en su época.
Durante años, este edificio no fue solamente una oficina. Fue una postal. Un símbolo de modernidad frente al Golfo de México. Desde el mar, desde el malecón o desde el centro histórico, su silueta marcaba la entrada visual a una ciudad portuaria que crecía mirando hacia el futuro.



Pero el presente cuenta otra historia.
En el nuevo video reportaje de Bitácora Veracruzana, la cámara aérea muestra el estado actual de la torre: pintura desprendida, cristales dañados, zonas oxidadas, estructuras descuidadas y señales visibles de abandono. Desde abajo, algunas heridas pueden pasar desapercibidas. Desde el aire, la realidad es mucho más clara.
Y ahí surge la pregunta central: ¿cómo es posible que gobiernos pasen, dependencias cambien, proyectos se anuncien y esta torre siga sin un rescate real?
No se trata de buscar un culpable único. La historia del edificio ha pasado por distintas etapas e instituciones. En 2023 se informó que la Comisión Nacional del Agua tomó posesión de la Torre de Pemex para habilitar oficinas como parte del proceso de descentralización de la administración pública federal.
Sin embargo, el proyecto no terminó de consolidarse. En 2025 se reportó que Conagua inició el proceso para devolver el inmueble a Pemex, debido a que no fue ocupado plenamente. También se informó que el mantenimiento resultaba costoso y que la torre requería una inversión considerable para su rehabilitación, aunque se señaló que el edificio se encuentra estructuralmente sólido.
Mientras tanto, el edificio sigue ahí.
De pie, pero no a salvo.
Además de su valor arquitectónico, la torre guarda elementos artísticos que muchas personas desconocen. En su interior se encuentra un mural de Jorge González Camarena titulado El águila en vuelo. En la explanada también están los conjuntos escultóricos La Riqueza del Mar y La Cosecha, del escultor Francisco Zúñiga, piezas que forman parte del valor cultural del inmueble.

Por eso, el abandono de la torre no es un tema menor. No hablamos solamente de concreto, cristales o pintura. Hablamos de memoria urbana, de patrimonio público y de respeto por los símbolos que han marcado la identidad del puerto.
En otras ciudades, edificios emblemáticos que dejan de cumplir su función original son restaurados, adaptados y convertidos en museos, centros culturales, archivos, miradores o espacios de encuentro. En Veracruz, esta torre todavía podría tener un nuevo destino.
Pero para eso se necesita voluntad.
El reportaje de Bitácora Veracruzana no busca presentar la torre como una simple ruina. Busca abrir una reflexión: si este edificio fue durante décadas un símbolo de grandeza frente al mar, ¿por qué permitir que siga deteriorándose ante los ojos de todos?
La torre sigue mirando al puerto.
Sigue resistiendo el salitre, el viento y el paso del tiempo.
Pero estar de pie no significa estar viva.
Y Veracruz merece saber si algún día este gigante será rescatado… o si simplemente seremos la generación que lo vio morir frente al malecón.
